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CAÑONES DEL CARACENA
Caracena es uno de esos lugares que llaman el fin del mundo. Ya
no hay carretera más allá de Caracena, a pesar de
los proyectos de décadas anteriores de unirla con Tarancueña
a través de la hoz del río Caracena. La historia parece
haberse detenido en la Edad Media, tan productiva para esta provincia
de Soria, y desde entonces haber sido abandonada a su suerte, de
la que trata de escapar agonizante, debido sobretodo al embate de
la emigración actual. Este bello lugar está situado
en un entorno kárstico (tierra caliza), en terreno pedregoso
y montañoso, en las estribaciones de la Sierra de Pela, con
carrascas, chaparros y enebros. En contraste, hay al norte una dehesa
de pastos y una vega en la que se cultivaban verduras y hortalizas
para uso propio. Esta vega está fertilizada por el río
Caracena (o Adante), que toma su nombre del lugar más importante.
En el resto del término se cultivan cereales.
Para llegar a Caracena desde el complejo turístico rural
"Las Praderas" podemos seguir dos rutas. Las dos comienzan
siguiendo la carretera comarcal, que pasa por el complejo, hacia
esta villa. Las rutas se separan al llegar a la primera curva (a
unos 500 metros). En este punto podemos seguir por la carretera
o continuar por la ribera del río del Caracena. Por ambos
caminos recorreremos unos 3 Km hasta llegar a Caracena. No debemos
preocuparnos por el agua en ningún momento debido a que existen
numerosas fuentes por los caminos.
Si escogemos seguir el río, debemos bajar una pequeña
pendiente que hay a la salida de la curva y en seguida encontraremos
un camino paralelo al curso del río. Este camino es completamente
llano y la principal característica que tiene es que nos
encontraremos permanentemente en un pasadizo frondoso de árboles
y arbustos, donde podremos escuchar el sonido de aves acuáticas
y con suerte ver algún corzo. También llama la atención
en esta ruta las perennes y antiquísimas vallas de piedra
que separan el camino de las fincas adyacentes, dando a nuetrso
recorrido un toque de nostalgia. En resumen, esta senda permite
trasladarnos, en pocos metros, a un lugar mágico y sobrecogedor
del que sin duda no quedaremos defraudados. Terminaremos el camino
cuando nos encontremos con el puente románico de piedra denominado
Cantos, de especial singularidad por su antigüedad y belleza
artística. A continuación debemos ascender por la
carretera comarcal para llegar a la noble villa de Caracena y disfrutar
de sus peculariedades que luego describiremos.
Si decidimos seguir la carretera comarcal desde el campamento hasta
Caracena (es decir, sin desviarnos en la primera curva) nos encontraremos
ante otro espectáculo completamente diferente al anterior
pero de igual satisfacción para todos nuestros sentidos.
Pasada la curva de desvío de la priemra ruta, continuaremos
por la carretera comarcal. En esta ocasión tendremos que
hacer una pequeña ascensión (un Kilómetro mas
o menos) hasta llegar a la ermita de Nuestra Señora del Monte,
a la que cada tercer domingo de junio se acude en romería
(es una de las más importantes de la zona). Hay misa, procesión
(con el remate correspondiente de los cuatro bandos del anda de
la Virgen), se come en los alrededores de la ermita, y al atardecer
se reza el Rosario. Continuaremos el camino bien atentos a los cortados
Kársticos (situados a una altura de unos 1100 metros) que
nos encontramos a nuestra derecha. En estos cortados podremos observar
innumerables buitreras y por supuesto admirar los maravillosos ejemplares
de buitre leonado que revoletearán por encima de nuestras
cabezas. El buitre leonado es el máximo exponente de la zona
y su población en estos parajes es una de las más
numerosas de España. Este camino concluye con una pequeña
ascensión a la villa de Caracena (los recursos de esta villa
se encuentran descritos en la Ruta al Castillo de Caracena).
Dejando Caracena a nuestra derecha nos adentraremos en los cañones
oradados por el rio Caracena. Estos cañones constituyen la
mayor riqueza paisajistica y natural de toda la zona. Por el cauce
del rio existe una ruta marcada (con franjas rojas y blancas) que
hacen imposible la pérdida. Adentrándonos en los cañones,
descubriremos los impresionantes cortados coronados por hileras
de buitres leonados que nos acompañarán durante todo
el camino y una flora muy variada (carrizos, pinos, retamas, jarillas,
espliegos, erizones, sabinas.. Deberemos cruzar el río en
diversas ocasiones pero sin ningún peligro.
Pronto llegaremos a lo que parecen unas piedras tiradas en el suelo
de forma ordenada, el importantísimo Yacimiento de los Tolmos.
Durante la Edad del Bronce la provincia de Soria, y la Meseta en
general, situada al margen de los focos culturales más desarrollados,
estuvo escasamente expuesta a los influjos exteriores, y se mantuvieron
prácticamente uniformes las bases económicas y sociales
de los grupos humanos. Con un clima templado y húmedo, y
una mayor abundancia de especies arbóreas que en la actualidad,
la economía era de tipo pastoril, generalmente de pequeños
rebaños trashumantes, con gran aprovechamiento de la caza.
La agricultura de cereal ofrecía todavía escasa incidencia.
La situación de los poblados de esta época presenta
algunas variaciones según la fase cultural y cronológica
a que correspondan; hay asentamientos en cuevas (Los Rábanos,
Ligos), pero los más frecuentes son los situados en cerros
elevados (Balluncar, Morcuera), todos ellos pertenecientes al Bronce
Antiguo (1800-1500). Del Bronce Medio (1500-1200) el yacimiento
más representativo es este, el de Los Tolmos de Caracena.
Tampoco son numerosos los restos del Bronce Final (1200-700), constatados
en pocos yacimientos y en hallazgos metálicos sueltos.
La estructura básica de hábitat debió estar
constituida por cabañas de madera y barro, junto a las que
en algunos lugares aparecen silos de cerámica embutidos en
el suelo natural. En los enterramientos
se aprecia la continuidad, a lo largo de toda la etapa, del ritual
de inhumación, individual o de dos o tres seres, depositando
a los difuntos flexionados en fosas simples practicadas en el manto
natural. La cultura del Vaso Campaniforme, iniciada al final del
Calcolítico, se desarrolla en los comienzos de la Edad del
Bronce, generalizando la metalurgia. La diversidad de útiles
se va haciendo mucho más amplia, sobre todo respecto de los
realizados en metal (cobre y bronce), y de los cerámicos,
en cuyo tratamiento, técnica, formas y decoración
se aprecia un gran avance. Algunos aspectos de esta etapa cultural
perduran en el Bronce Medio (representado por el yacimiento de Los
Tolmos), en el que se aprecian ya elementos de lo que será
la Cultura Cogotas I, que caracteriza al Bronce Final en la Meseta,
y cuya importancia y expansión alcanzan el Valle del Ebro
y el sur peninsular. También en este momento se acusa el
impacto del foco metalúrgico del Noroeste, que difunde sus
tipos hasta la zona Oeste de la Meseta.
Si continuamos el camino, llegaremos a Tarancueña (desde
donde las vistas son espectaculares). En este punto deberemos regresar
sobre nuestros pasos si queremos llegar a dormir al Complejo.
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